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Mundialito, el personaje que adora todo un pueblo

A Alfredo Duré casi nadie lo conoce por su nombre: en Villa Paranacito su apodo remite a la Copa del Mundo de 1978. Bajito, hábil con el machete, servicial y cordial, su presencia es parte de la idiosincrasia de los pueblos entrerrianos.

Por Fermín Tristán

El 6 de marzo fue el cumpleaños de Mundialito, acaso uno de los personajes más pintorescos de Villa Paranacito. Decimos “personaje” y puede sonar despectivo, pero quien habite, haya habitado, pase de visita o vaya con frecuencia a la cabecera departamental, no podrá dar fe de su estadía si no se cruzó con este vecino.

Su apodo, dicen los memoriosos, tiene que ver con su aparición en el poblado allá por 1978, el año en que la selección argentina disputaba el Mundial de Fútbol que consagró al “team” local como ganador y le diera así su primera copa. Otros no desmienten esta teoría, pero indican que Mundialito se debe a su parecido físico con la mascota del evento, una caricatura de un gaucho joven. Nos inclinamos por la primera opción. 

el apodo, dicen los memoriosos, tiene que ver con su aparición en el poblado allá por 1978, el año en que la selección argentina disputaba el Mundial

En su documento se lee un nombre y apellido que casi nadie conoce: Alfredo Duré. Es un hombre que peina, viste y calza fuera de moda, pero poco le interesa. Sus ojos oscuros hundidos delatan tristeza, esa que quiere olvidar bailando, como él mismo cuenta en las fiestas populares que lo tienen como gran animador. Es bajito y enjuto, hábil con el machete y corajudo para trabajar en el monte y ganarse el pan changueando.

el mensaje de agradecimiento a mundialito por haber devuelto una billetera con dinero

Pajonales, catay, mosquitos y soledad es el paisaje de su trabajo. A lo lejos  una motosierra tozuda corta el silencio absoluto. Sus manos son su motor, no conoce de máquinas para el trabajo. A pala, machete y guadaña marca el compás de la tarde. Su mente está ahí, pero también en las noches donde estoico rumbea para el Club. Algún baile, una fiesta, hacen que vista su impecable camisa blanca y pantalón dentro de la bota. Es un resiliente, a veces brinda con alguna lágrima y baila. No hay nadie que ose interrumpirlo o molestarlo, hace la suya, se sumerge en su propia realidad. 

En Paranacito es un saludo obligado. en el centro o en cualquier lado es casi imposible no cruzarlo

En Paranacito es un saludo obligado. Cualquier vuelta que uno de por el centro, o cruce el pueblo de una punta a la otra por algún “mandado”, es casi imposible no cruzarlo y es él quien toma la iniciativa: sonríe, inclina levemente la cabeza y levanta bien alto su brazo con la palma abierta. Su marca registrada para saludar.  

Alfredo cumplió 63 años, es una persona amable, servicial y cordial. Es un hombre entrañable de Villa Paranacito y como me enseñó mi profesor de música de la ex escuela secundaria número 84: “Todos los pueblos entrerrianos tienen un ser así. Nos lo apropiamos, es nuestro, le cambiamos hasta el nombre por un apodo, a veces gentil y a veces no tanto, pero son parte de nuestra idiosincrasia y tenerlos siempre presentes, también habla de nosotros”. 

Es parte de la importancia de nuestro futuro rescatar historias perdidas, echar luz sobre otras desconocidas y como no podía ser de otra manera, en un lugar tan mágico como el nuestro, todos valen; todos tienen algo para contar o para ser contado y es por eso que cuando cumple años, todos le gritan: «Feliz cumpleaños, Mundial»

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