InicioEntrevistasFrigerio: “Hay que eliminar los privilegios de la política”

Frigerio: “Hay que eliminar los privilegios de la política”

El precandidato a diputado nacional por Entre Ríos habla de su infancia en el campo El Guazuncho y su historia personal en Villa Paranacito. La tensión desarrollo-medio ambiente y los puntos centrales de su plan provincial.

La historia de Rogelio Frigerio con Villa Paranacito tiene dos nombres insoslayables: el primero es su abuelo Rogelio Julio, conocido en todo el país por ser el fundador junto a Arturo Frondizi del Movimiento de Integración y Desarrollo (MID); el segundo es Pilocho Rojas, el capataz del campo familiar El Guazuncho, un héroe anónimo que solo se conoce en esta ciudad.

—Se sabe mucho de su historia familiar, pero poco de su historia familiar con Entre Ríos en general, y con Villa Paranacito en particular. Cuéntenos sobre ese vínculo.

—Mi historia con Paranacito arranca desde que nací. Mi padre en ese momento administraba un campo familiar muy conocido en la zona, El Guazuncho, y toda esa primera infancia me la pase ahí. Me crié en el campo, con Pilocho Rojas como consejero, casi un segundo padre para mi. Después, por los estudios y mi actividad profesional o en el sector público, estuve yendo y viniendo, pero siempre con mi corazón en Islas, que es mi lugar en el mundo. En Paranacito aprendí a caminar, a andar a caballo, a nadar en el río, a manejar. Aprendí el valor del trabajo y del esfuerzo.

—Casi una herencia de su abuelo Rogelio.

—Es que el vínculo arranca ahí,  hace más de 70 años, cuando en 1948 mi abuelo decide apostar por nuestra zona y adquiere un establecimiento que en ese momento era básicamente forestal y ganadero. Después, por las sucesivas crecientes, nos ocupamos solo de la ganadería. Y,  hace poco más de una década, decidimos  dedicarnos a la  producción de nueces pecán. Finalmente, durante la cuarentena  encaramos con mi hermano también un vivero de arboles de Pecan y ya estamos haciendo nuestras primeras ventas. Paranacito es el lugar que elegí para vivir, para trabajar y para dar trabajo, que también es muy importante y una satisfacción. Es el lugar en el que también  seguramente pasaré mis últimos días. En eso mi abuelo un poco se anticipó, porque el también pasó sus últimos años viviendo en el Guazuncho.

—¿Cómo es un día suyo en Paranacito?

—Me levanto muy temprano porque me gusta el amanecer entrerriano y me ocupo de trabajar: en el proyecto de producción de nueces y del vivero, y también de mi actividad como consultor, algo que puedo hacer a través de internet, lo que me facilita mi tarea. Después, por fuera de lo laboral, me gusta cocinar; suelo cocinar sobre todo al aire libre. Me gusta disfrutar de la naturaleza, hacer deportes, jugar con mis hijos.

—En esa relación con la naturaleza de la habla, ¿qué relación tiene con el Río?

–Disfruto mucho del Río. Desde chico me crié al lado del Río y aprendí a disfrutarlo mucho con el correr de los años.

Frigerio a bordo de una lancha, una imagen frecuente cuando se encuentra en su casa de Villa Paranacito.

—Su apellido lo ubica inexorablemente en la línea del desarrollismo. Sin embargo, hoy más nunca, existe una tensión latente entre Ambiente y Desarrollo. La dramática bajante histórica del Paraná lo sintetiza y lo ilustra mejor que nada. ¿Qué visión tiene al respecto?

—Estoy seguro que se puede conciliar el desarrollo y el cuidado del medio ambiente. El desarrollo sustentable es claramente a lo que hay que aspirar. Cuestiones como la bajante histórica, del Parana, en una provincia surcada por ríos, está vinculada con el calentamiento global, y es algo que lamentablemente está en la agenda de muy pocos políticos. Yo creo que una provincia como la nuestra, una provincia verde y turística, que requiere un especial cuidado del medio ambiente, tiene que tener una agenda vinculada con el desarrollo sustentable. 

—¿Por qué dejó Buenos Aires para venir a instalarse a Entre Ríos?

—Yo cada vez que mi actividad me lo permite  vivo en Villa Paranacito, salvo en los momentos en que obligadamente tenía que estar en otro lado: primero por los estudios, o porque estuve en el exterior, o por mi actividad en la función pública. Pero en general siempre que puedo estoy en el lugar que me gusta estar, que es en Islas, en Paranacito.

—La pandemia hizo que mucha gente se fuera o analizara irse de las grandes ciudades. ¿Observa eso como una oportunidad para esta zona?

—Yo creo que sí, que la pandemia y también los cambios en la modalidad laboral pueden resultar un estímulo para Paranacito, sobre todo por su cercanía con grandes centros urbanos. Creo que como el resto de la provincia tenemos un potencial subutilizado. Y debemos lograr aprovechar ese potencial vinculado con la producción agropecuaria, agroindustrial o turistica, donde tenemos muchas ventajas comparativas y competitivas. Tenemos que ser plenamente conscientes del cuidado del medio ambiente, porque eso está vinculado con la posibilidad de captar cada vez más turistas interesados en nuestra tierra, en nuestros paisajes, nuestra riqueza natural, en la posibilidad de practicar la pesca o deportes náuticos.

—Dijo recientemente que estaba trabajando «en un proyecto de transformación de Entre Ríos». ¿En qué consiste ese programa?

—Estoy trabajando desde hace dos años en un proyecto para transformar nuestra provincia. Para que alcance su potencial, para empezar a achicar un poco cada día la distancia que nos separa  de manera inexplicable de Santa Fe y Córdoba. Y eso se hace básicamente con sentido común. Con políticas que tiendan a fomentar la generación de riqueza y de empleo entre los emprendedores, las pymes y todos los sectores productivos en general. Tenemos una ubicación geográfica inmejorable, tenemos ríos, tenemos la posibilidad de crear nuevos puertos y potenciar los que ya tenemos, tenemos recursos humanos y tenemos una cultura de trabajo que no han logrado terminar de destruir. Yo creo que con sentido común y con una orientación clara de que solo el trabajo y la educación nos van a sacar adelante, la transformación de Entre Ríos es posible.     

—Consideró que «la provincia está lejos de alcanzar su potencial». ¿Cuáles serían los puntos qué deberían consensuar las distintas fuerzas políticas para alcanzarlo?

—Como primera medida hay que darle alivio fiscal e impositivo a la gente y a los sectores de la producción. Una provincia quebrada como Entre Ríos solo puede hacerlo si se decide a eliminar los privilegios de la política que se llevan una gran parte de nuestro presupuesto. Con un presupuesto que sostenga solo los gastos indispensables y elimine todo lo que no lo es, vamos a empezar a tener un Estado que esté al servicio de la producción, de los emprendedores, de las pymes, de la generación de empleo de calidad, en blanco y bien pago. Y que pueda pagarle q sus empleados públicos sueldos dignos. Esa es la única forma de empezar a resolver el principal problema que tiene el país y nuestra provincia, que es la pobreza. Y por supuesto también entender que la educación tiene que ser una política de Estado. No podemos permitir que el 50% de nuestros jóvenes no termine el secundario. Tenemos que prepararlos para los desafíos del trabajo del siglo XXI, que son complejos y requieren cada vez mayor conocimiento y capacitación. Esas deberían ser las prioridades.

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